Arte, naturaleza y espíritu, la mirada contemporánea de Sanjukta Kar desde la tradición india

 

En el arte contemporáneo de la India, la creadora multidisciplinaria Sanjukta Kar se posiciona como una voz estética y humanista de creciente resonancia internacional. Su participación protagónica en la exposición colectiva “Conciencia Ambiental y Paz”, organizada por Hariom Bawa desde el Modern Art Centre junto con la asociación Arte Sin Fronteras por la Paz liderada por Cesar Rincón, reafirma su papel como artista comprometida con el diálogo cultural global. 

El proyecto se desarrollará entre marzo y abril en India y Colombia, teniendo como sede en territorio colombiano la Biblioteca de la Universidad Cooperativa de Colombia campus Neiva el 6 de abril.

Originaria de Asansol, Kar ha consolidado una trayectoria que combina virtuosismo técnico y vocación pedagógica. Especialista en dibujo a pluma y tinta —lenguaje que domina con precisión caligráfica— también explora con soltura múltiples medios pictóricos, demostrando una versatilidad poco común.

Su formación incluye el título Ankan Ratna en Bellas Artes otorgado por el Bangiya Sangeet Parishad, afiliado a la Universidad Rabindra Bharati, así como su participación en el campamento artístico del Charukala Parishad, experiencias que fortalecieron su sensibilidad estética y su comprensión de la tradición visual bengalí.

Sanjukata Kar West, Bengal, Venue Of Peace, Acrylic

Su obra presentada, “Bengal, Venue Of Peace / Bengala, sede de la paz”, es una pintura realizada a mano que revela una composición cuidadosamente estructurada donde arquitectura, paisaje y simbolismo convergen.

En el centro se erige un templo de líneas claras y ornamentación delicada, rodeado de vegetación exuberante que sugiere un entorno natural intacto. Las banderas verticales que flanquean el camino conducen la mirada hacia el edificio sagrado, generando una sensación de peregrinación visual.

Esta disposición no solo organiza el espacio pictórico, sino que también propone una narrativa espiritual: el espectador avanza simbólicamente hacia un lugar de armonía interior.

Desde el punto de vista cromático, Kar utiliza verdes profundos y matices terrosos para construir una atmósfera envolvente que transmite serenidad. La luz difusa que envuelve la escena produce un efecto de calma suspendida, como si el tiempo se detuviera dentro del paisaje.

El contraste entre la densidad vegetal y la geometría del templo enfatiza la coexistencia entre naturaleza y cultura, eje conceptual central de la muestra. No se trata de una representación documental, sino de una interpretación lírica del territorio bengalí como espacio espiritual.

Más allá de su producción individual, la artista ha demostrado un firme compromiso con la comunidad creativa. Durante la pandemia organizó iniciativas destinadas a brindar plataformas de exhibición a otros artistas, reafirmando su convicción de que el arte debe compartirse y no aislarse. Paralelamente, dedica parte de su tiempo a enseñar a niños, convencida de que la educación artística es una herramienta de transformación social.

Esta vocación pedagógica dialoga directamente con su reconocimiento como Embajadora de la Paz Mundial y la Humanidad, distinción que complementa sus múltiples premios nacionales e internacionales, incluidas medallas de oro y títulos honoríficos como Kala Sadhu y Kala Shiromani.

La presencia de Sanjukta Kar en Conciencia Ambiental y Paz no es solo una participación artística, sino una declaración de principios. Su pintura actúa como puente simbólico entre territorios y culturas, recordando que la contemplación estética puede convertirse en un acto de reconciliación con el entorno. En un contexto global marcado por tensiones ecológicas y sociales, su obra propone una visión alternativa: la paz entendida como equilibrio entre paisaje, espiritualidad y sensibilidad humana.

Así, “Bengal, Venue Of Peace” se instala como una invitación silenciosa a redescubrir la calma. Con una mirada que fusiona tradición, técnica y conciencia contemporánea, Sanjukta Kar demuestra que el arte puede ser territorio común, un espacio donde la belleza no solo se observa, sino que también se experimenta como forma de esperanza compartida.